Amaneciendo mares en los cristales de la city emperrada de cemento y acero. Ella multiplica copias del sol, arrastra luces bajo la soledad de mis pies, mientras el sonido desganado de un taxi codifica mensajes satánicos...
nadie se entera
el fin del mundo está escondido en una esquina de éstas
tal espantosa entidad terminal caminando entre la gente, comprando cigarrillos en un quiosco, reflejándose en las ventanas de los colectivos desesperados, tecleando a un cajero automático, su voz confundida con la mezcla del alarido centrífugo del subte y televisores emitiendo discursos del poder...